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Historia


En 1969, la Clínica Santa Teresa nació como un dispensario médico para atender ancianos e indigentes, llamándose Centro Médico “Santa Teresa”. Gracias al trabajo de sus fundadores: Mons. Enrique Pélach y la Madre Celina, Carmelita Descalza, quienes ante la abundancia de casos de lepra y de esporotricosis en el valle de Abancay, pusieron manos a la obra y consiguieron ayuda económica para construir unos pocos ambientes de atención.

Una fecha importante es 1972, cuando la organización alemana Deutsches Asuatzigen – Heifwerck inicia la campaña “Ayuda para los enfermos de Lepra y de la enfermedad de Hansen” apoyando con medicinas y dinero y posteriormente con becas para capacitar al personal médico y paramédico en Lima y en el extranjero.

En 1973, Monseñor Enrique Pélach con la colaboración de la señorita Edeltarud Gebauer, consigue los medios para la construcción de la primera planta del Centro, denominándola inicialmente “Centro anti leproso Santa Teresa”, realizándose el control de pacientes; convocándolos los primeros domingos de cada mes para ser evaluados por los médicos. Con un equipo pequeño de trabajadores, médicos y enfermeras, se atendió durante unos años a los leprosos que se encontraban abandonados en el valle de Abancay, en las comunidades de Apurímac así como en la selva. De este modo se convirtió en un centro de Referencia para el control de Enfermedades transmisibles.

A comienzos del año 1979, se solicitó los servicios del doctor José Lizárraga Trujillo, quien empezó una nueva etapa en el control de los enfermos. Se inicia la consulta en el Centro Médico, además de un servicio ambulatorio, el cual llegaba a zonas donde los médicos no habían ido nunca. Se empezaron a diagnosticar nuevas patologías y enfermedades que no estaban controladas. Después de unos años, se ampliaron las instalaciones, pues el número de personas con dolencias como leishmaniasis se incrementaba. Por tanto, Santa Teresa empezó a diversificar sus funciones acogiendo a pacientes que presentaban diversas enfermedades como tuberculosis y distintos tipos de dermatopatías; además, debido a la fama que iba ganando, sobre todo por su buen servicio a los más pobres y su concentración en la atención a las comunidades más deprimidas de Apurímac, el Centro se iba haciendo lugar de investigación de las enfermedades tropicales.

En el año 1981, la OMS financió cursos de dermatología para los médicos que se iban incorporando al Centro, así como la posibilidad de contratar doctores durante unos años. Asimismo, se firma por parte del Obispado de Abancay un convenio de trabajo con el Ministerio de Salud para el control de la enfermedad de Hansen y otras enfermedades transmisibles en la Región de Apurímac, inaugurándose una sala quirúrgica, un consultorio, y salas de hospitalización con 8 camas, además del instrumental necesario.

Siendo constante el aumento de pacientes, se dotó en 1982 una partida de dinero para la implementación de un laboratorio que pudiese dar un servicio rápido y eficaz en el diagnóstico de enfermedades. En ningún momento se dejó de salir a las comunidades para poder controlar las enfermedades, salvo el quinquenio 1985- 1990, por motivo del terrorismo de Sendero Luminoso. Sin embargo, esta práctica se retomó rápidamente, realizándose en la actualidad.

Gracias a las donaciones de instituciones extranjeras, se pudo incrementar el número de personal profesional sanitario y no sanitario, además de servicios de apoyo al diagnóstico por imágenes y laboratorio. En el año 2002 se aprueba por parte del gobierno peruano el seguro obligatorio para madres y para niños: SIS (Servicio Integral de Salud). Esto supuso una cobertura sanitaria de parte de la población financiada por el Estado. En el año 2003 se pudo contar con la especialidad de ginecología y cirugía general, además de las especialidades de salud bucal, programas materno- infantil, y atención de partos.

Desde el año 2004, amigos de Italia (Sicilia) ayudan en los trabajos de distintos servicios como: dentales y otras malatías, además de haber colaborado con la construcción de parte de la actual infraestructura con que cuenta la Clínica. Asimismo se logra una importante alianza con la ONG Madre Coraje de España, organización que proporciona apoyo sanitario y gracias a la cual, la Clínica, hoy en día puede brindar y llevar ayuda a las personas menos favorecidas de la región, así como a otras instituciones y obras de caridad de la Diócesis.

Por dificultades de gestión, en setiembre 2010 se suspende el convenio con el SIS. De este modo, Santa Teresa inicia una nueva etapa, conjugando la atención óptima a los pacientes, sin dejar de lado los indigentes que diario tocan sus puertas buscando una mejoría en su salud. De este modo, fiel a los ideales caritativos de su fundador, la Clínica Santa Teresa continúa con la pastoral de la salud.

El año 2012, Santa Teresa inicia las labores como Clínica Santa Teresa – Abancay, orientándose a una labor más profesional y autónoma, siempre bajo la dirección del Obispado de Abancay y manteniendo la filosofía de trabajo que Mons. Enrique Pélach deseaba.

En la actualidad la Clínica Santa Teresa ofrece los servicios de medicina general, obstetricia, odontología, psicología, terapia física y rehabilitación, centro quirúrgico, hospitalización, laboratorio clínico y diagnóstico por imágenes; así como las siguientes especialidades médicas: cirugía general, ginecología, pediatría, traumatología, dermatología, cardiología, urología, endocrinología, gastroenterología y otorrinolaringología. La filosofía se mantiene y se hace evidente a diario en la atención brindada por sus profesionales y en las campañas de salud desarrolladas en zonas donde el estado no llega de forma adecuada.

En este último año se han realizado poco más de 17,000 atenciones por consulta externa y se ha apoyado a más de 1,300 pacientes de forma gratuita, ya sea con atenciones médicas o con medicamentos; asimismo, las campañas médicas y odontológicas mensuales, son igualmente gratuitas.

Se ha avanzado significativamente en los últimos 10 años, pero queda mucho por hacer. Es imprescindible ampliar el área construida para mejorar los servicios; asimismo, se requiere renovar los equipos médicos para brindar una mejor atención a los pacientes.

La mirada atenta de Mons. Enrique nos sigue permitiendo soñar. El objetivo es  mejorar los servicios con excelencia, amor y fe.

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